Islam político
ISLAM POLÍTICO
En la zona de Medio Oriente, la religión y la política unifican sus objetivos bajo un mismo discurso. De esta manera, las creencias culturales juegan un rol fundamental, puesto que se convierten en la base de apoyo de las masas a la acción de los grupos del Islam Político. Estos prometen la reivindicación del orden establecido en el Corán por Alá, lo que resulta indiscutible y hasta anhelado para los practicantes del Islam. Al mismo tiempo, esta corriente repudia la influencia occidental en el territorio que, como se explicó anteriormente, se incrementó sustancialmente desde el Acuerdo Sykes-Picot y el interés de las potencias en los recursos de la zona.
El Islam Político también se caracteriza por su recurrencia a las armas. Una vez victoriosos,
estos grupos declaran a la sociedad enteramente islámica, limitando así el culto a otras religiones. La mencionada lucha militar que caracteriza a este movimiento es motivo de controversias, puesto que a ojos del mundo occidental son terroristas que violan los derechos humanos, mientras que también pueden ser considerados nacionalistas. De cualquier forma, lo que resulta innegable es que el Islam Político pretende unir a todo el pueblo árabe bajo la religión islámica. Sin embargo, dentro de la misma religión hay fuertes divisiones que, una vez más, trascienden el aspecto cultural.
estos grupos declaran a la sociedad enteramente islámica, limitando así el culto a otras religiones. La mencionada lucha militar que caracteriza a este movimiento es motivo de controversias, puesto que a ojos del mundo occidental son terroristas que violan los derechos humanos, mientras que también pueden ser considerados nacionalistas. De cualquier forma, lo que resulta innegable es que el Islam Político pretende unir a todo el pueblo árabe bajo la religión islámica. Sin embargo, dentro de la misma religión hay fuertes divisiones que, una vez más, trascienden el aspecto cultural.
El conflicto entre el pueblo chíita y el sunita remonta al 632 d.C, año en el que fallece
Mahoma, el último profeta de Alá. Tras su muerte, el Islam se dividió en dos ramas: la chiíta, que consideraba que el primo de Mahoma, Ali, debía asumir el mando; y la sunita, que creían en escoger a otro líder. Lejos de ser una diferencia meramente política, ambas facciones pronto erigieron su propia cultura y creencias, siempre dentro del Islam. En la actualidad, Arabia Saudita
es el centro sunita e Irán, el chiíta. Así, su rivalidad es también cultural. De hecho, una de las razones que presentaron los saudíes para la baja del precio del petróleo fue que, sin la presencia de Estados Unidos en el mapa, los chiíes “corromperían” sus costumbres, apelando a un “expansionismo chií”.
Mahoma, el último profeta de Alá. Tras su muerte, el Islam se dividió en dos ramas: la chiíta, que consideraba que el primo de Mahoma, Ali, debía asumir el mando; y la sunita, que creían en escoger a otro líder. Lejos de ser una diferencia meramente política, ambas facciones pronto erigieron su propia cultura y creencias, siempre dentro del Islam. En la actualidad, Arabia Saudita
es el centro sunita e Irán, el chiíta. Así, su rivalidad es también cultural. De hecho, una de las razones que presentaron los saudíes para la baja del precio del petróleo fue que, sin la presencia de Estados Unidos en el mapa, los chiíes “corromperían” sus costumbres, apelando a un “expansionismo chií”.
A partir de todo ello, se puede concluir en que el Islam político hace uso de la religión como factor legitimizador de poder, gracias a que su carácter sagrado logra el apoyo y la adhesión de millones de personas.
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